Mi primera changa
Crónica de un trabajador indómito y polivalente. Un quilmeño en Capital, de colectivo en colectivo, con un venezolano académico que sirve mesas.
Soy un alien, un alien legal. Soy un Hombre de Quilmes en Capital
Siempre trabajé en lugares aledaños a la ciudad donde vivo. Lavadero de Autos, Supermercado, Local de Comida, Ventas, Caja. Todo en Quilmes, o cerca... Pero esta vez, toca "chambear" en pleno Microcentro.
¡Necesito una changuita!
Changa… Palabra ambigua y polivalente, según el país donde uno se encuentre claro. Porque su pertenencia no se agota en una lengua puntual, sino que en varias a la vez. Inclusive oídos adentro de un país, su semántica podrá tener variables. Desde una perspectiva 'coloquial' (categoría que elude al propio origen etimológico) significa Trueque o trato de poca importancia. Este uso proviene de la lengua gallegoportuguesa, y se difundió por toda Latinoamérica.
En Paraguay, Argentina y, Uruguay, hoy significa Ocupación transitoria, o Tareas menores remuneradas. Bueno, un trabajito mal pago para salir de un apuro. "Pan para hoy y hambre de mañana". Aunque también se viene popularizando una variable, Chamba, para eludir a lo mismo.
Estaba sentado en el colectivo camino a mi casa, en la fila de asientos individuales. Cuando decido desbloquear mi celular y abrir alguna red social para recortar los tiempos de viaje mientras deslizo, entonces como desde el cielo cae un suave bloque sobre mi pantalla, que me notifica la llegada de un nuevo mensaje. Es Mariel…
Totoo como andas? (suspensión colectivera). Cae otro ¿Te querés ganar unos mangos?
Si claro, pienso y respondo. Siempre viene bien hacerse un dinerito, que antes de tenerlo, idealizo devendrá en una inversión, un pro-activismo para mi escalera financiera. Que al final, suele irse en un café, los cigarrillos de una semana, y algo más... Y es que para eso sirven las changas. Porque emprender, al principio puede constar en perder; y uno por su parte, que no adquirió un empleo formalizado –legalmente hablando- que permita ahorrar o quizás irse de vacaciones, se ve en la obligación de tomar cualquier cornalito que caiga por casualidad transitoria en el balde. Así que tomé esta changa.
Pasaron algunos días, y ya para el sábado me encontraba desayunando en casa, sabiendo que a las 16hs debería estar en Esmeralda, entre Corrientes y Viamonte. Busco en el mapa digital actualizado 2024. Hotel Colibrí. Un éxito, ya tenía lo que necesitaba según las directrices de Mariel. Y cito ibídem -Necesitas si o si una camisa blanca, pantalón negro y zapatos, o zapatillas all black. Nominó con un tono moderno, propio de su post-porteñismo. ¿El pantalón también? O puede tener el botón amarillo…
De bondi en bondi
Salí de mi casa en bermudas, debido a los 31°C que implosionaban contra el asfalto. Recién llego a la calle Brandsen, donde me levantaría el colectivo semirápido, a sabiendas realmente de si tengo saldo en mi tarjeta SUBE, pero seguro de que los coches de MOQSA [1] cuentan con acreditación de carga. Y yo, bueno, tengo datos móviles en el celular, con mi billetera virtual desbloqueada y en mano; dispuesta para transferir un monto razonable a la tarjeta, para permitirme no perder la oportunidad de llegar temprano a mi nuevo trabajo.
Ya parado, en la parada. Y reflexionando cuanto saldó me quedó del último viaje… Lo veo doblar por Mitre, y una joven que también lo está esperando exclama -¡Oh! Ahí viene. Y yo no sé, si lo dijo para todos los que estábamos esperando, o para su madre quien la acompañaba; pero sin dudas tenía razón, y no podía ir en contra de tan solemne argumentación.
Desconocidos ubicados en una fila que lentamente avanza, vamos subiendo uno por uno al transporte donde vamos a atravesar una efímera y fría convivencia. Pero cuando estoy por ser el próximo, se acerca por mi izquierda una mujer mayor, de pelo negro, que me mira y hace una señal inteligible con las cejas y el dedo índice apuntando hacia la puerta del colectivo. –Subí, Subí tranquila- Le digo -Quiero ver si puedo cargar saldo-
Finalmente subo, y no llego a enunciar un desinteresado ¿Qué tal? hacia el chofer que, él ya aprieta unos botones como papá-mono golpeaba el control remoto, y como si le fuese rutinario, marca el monto que deberé abonar por dicho viaje, por dicho lujo. Como si él, ya estuviera aún más desinteresado en mí y el destino que pudiera indicarle. Así que, sin agregar una palabra más que aquel saludo, apoyo la SUBE probando mi suerte (y mi memoría); y para mi sorpresa, con lo justo y necesario pago el viaje de ida. ¡Un lujo! Visualizo la disposición del colectivo casi rebalsado de pasajeros, bloqueo mi celular y mientras lo guardo, me voy a ubicar en un potencial lugar donde pueda rescatar un asiento. -¿Alguien bajará?- Pienso. A falta de respuesta, me voy hasta el final del automóvil, desembolso una novela de Jorge Amado, la "Tienda De Los Milagros". Y me pongo a leer de parado… Justo antes de tomar la autopista, se bajan tres personas, y una de ellas ocupaba el ultimo asiento del lado izquierdo del vehiculo. Sublime centro [2] que me ha enviado "el más alto": Viajar sentado
La vaga introspección
Estamos a menos de una hora de capital, así que me relajo y decido continuar con mi lectura; interrumpida por momentos, para ubicarme en tiempo y espacio, mirando hacia afuera por la última ventanilla. O para suspenderme en la reflexión…
No podés vivir de changuita en changuita- Me decía mi vieja, cuando dialogábamos sobre aquello a lo que quisiera dedicarme en la vida. –Pero vivo tirando curriculums en lugares que tengan que ver con mi carrera ma, y nadie me llama- A lo que ella respondía con un empático aplazamiento de cejas –Ya te van a llamar hijo, hay que seguir tirando la caña-… Mi abuelo por su parte, me impregnó como un aguafuerte, -Si querés irte de vacaciones, tener tu autito, tenés que estudiar. Vos preocupate en recibirte, y después me contás-. Siempre me dejó en claro la enseñanza de que, aquel que cuenta con su título, es algo más, más importante, más capaz, que el resto. Pero es que a veces el tener "una chapa" pegada en la pared, no necesariamente deviene en prestigio inmediato, ni estabilidad económica. -Lo cual utópicamente debería tener solucionado para antes de mi acto de colación…
Pero ¿qué puede construir uno? cuando se ve en la obligación de tomar ofertas de trabajo donde la triada experiencia-salario-horario nunca se satisface completamente. Y no es que pretenda revelar mi lado más quisquilloso y pesimista. Sino más bien, entablar una denuncia al sistema que nos rige. Y sé que no existe el trabajo perfecto, ni los absolutos. Pero mi punto es, ¿Cuánta gente por sobrevivir, sacrifica tiempo con sus familias, o en estudiar, tener un hobby, sacar a flote proyectos? Obviamente se deben tomar decisiones y correr riesgos para prosperar. Pero si aún con un trabajo estable, se debe pensar en un segundo oficio -de 6-8hs diarias- o en una changa de fines de semana, para por fin poder ahorrar. Entonces hay una crisis en el sistema laboral. Porque vivimos para cumplir, con un otro que no valora.
Con los pies en la tierra
Enfoco mi visión, y veo que, de golpe y porrazo se bajaron ya casi todos del colectivo, y solo somos tres personas, más el chofer, que nos vamos acercando a la Terminal Madero, final del recorrido. Al pisar la calle porteña, reviso el mapa virtual y empiezo a caminar seis cuadras cuesta arriba por Av. Córdoba. Mientras las trazo, quedo impactado con el hecho de que haya bancos de hormigón distribuidos por las veredas. Para uno que recién arriba desde el conurbano sur, es realmente alucinante encontrar un bien burgués tan magnífico, desolado en plena Avenida. Como mucho, allá, nos sentamos en bancos cuadrados de concreto, o chapa -a esperar colectivos sin aire acondicionado, ni carga de saldo-… ¡Que obra de arte! me dan ganas de tener una boina y sentarme ahí a pensar en cualquier cosa, menos en ir a trabajar. Y es que soy un vago abstemio de la explotación laboral. Pero igual cruje desde mis entrañas la responsabilidad. Y solo me detengo bajo el sol en calle Florida, para apreciar el burdo esplendor de tanta ostentosidad, vidrieras atractivas, miradas frías que simulan perdidas, senos parados, gorros de turista, y ¡Cambio, Cambio!... Retomo por Córdoba hacia una esquina donde, me uno –al pasar- con el canto de una señora que, en la puerta de un restaurant, viste su outfit dominguero y lleva consigo un parlante, entona a Carlos Baute y Marta Sanchez en un estrepitoso juego de flema que recorre sus labios y el micrófono.
🎶 Te envío poemas de mi puño y letra
Te envío canciones de 4.40
Te envío las fotos cenando en Marbella
Y cuando estuvimos por Venezuela 🎶
Y todo lo que me quedaba de recorrido lo hice tarareando, hasta llegar al Hotel. Tres guardias vestidos de negro parlaban en la verada, frente a una fachada de ventanal, con hojas verdes, luces amarillas y ladrillos ocre. Me acerco a la vidriera y procedo a volverme sobre uno de aquellos sujetos para referirme.
- Hola, soy Tomás.
- ¿Cómo te va? Si, vení pasá.
Lo sigo hacia a la vidriera, y abre la puerta transparente que conduce a la recepción del hotel.
- Ahora te presento a Jaime que te está esperando, él es el que…
Y vuelve a dirigir su mirada hacia adelante, sin poder llegar a oír yo, que dijo "te va a recibir". O algo así...
Cruzamos un pasillo con ascensores, un hall con oficinas, otro pasillo y un segundo hall, y acabamos por acceder a un blanquecino salón principal. El cual disponía de dos escalinatas, una en descenso que dirige a la piscina, y otra ascendente, por donde se extiende el patio de comidas. Un salón resplandeciente por su preponderante color blanco. Lo tiene la araña [3] gigante que cuelga sobre la piscina, lo tienen los azulejos del piso, las columnas, la barra o mostrador, con su lomo de mármol, lo tienen las sillas, y mesas también, solo que estas últimas, en su parte superior cuentan con un "grabado" que hace sentir que los platos están siendo apoyados sobre esmeralda en bruto.
Aquí es donde los huéspedes se deleitan con los suaves y frescos sabores de la "cocina porteña", la cual dirige Jaime, un inmigrante colombiano que arribó hace unos 20 años a la capital bonaerense. Y que me pareció una de las personas más sonrientes y amables que he conocido. Él me presentó a los compañeros de cocina, Mario y Tony. Mario, un muchacho de 25 años, de pelo morocho, morrudo, pero con voz de flor en espigamiento. Tony, un hombre mayor, que poco me miraba a la cara. –Es un tipo complicado- Me comenta Jaime, mientras yo voy fajinando platos y vasos con un repasador. –Con servilleta queda impecable el vidrio- Digo, para romper el hielo y demostrar mi experiencia como "Che-pibe"…
Un milagroso encuentro
Lo siguiente en el itinerario de hoy es servir de mozo. Pero para que eso suceda todavía faltan 3 horas. TRES horas, que tengo disponibles para merendar, bañarme y disfrazarme de pingüino sin corbata. -Esas tres cosas las hago en 20 minutos. ¿Y ahora qué? – Me prestaron una habitación liberada en el segundo piso, donde accedí para ducharme y ponerme pituco. Y bajé nuevamente hacia el salón principal, volví a la cocina, y pedí tímidamente un café negro. Que con gusto me preparó Jaime. -¿En qué trabajo te conceden un café? ¿Es esto un sueño de oficina, acaso?-
Mientras lo bebo tranquilamente, Tony y Jaime planifican como se ejecutará el Buffet, Mario cocina a teje y maneje. Y yo, me siento un vago tomando café en horario de trabajo, pero es que el primer día uno suele resultar ciertamente inútil para el mecanismo fluido y eficaz que maneja alguien experimentado. Ahí me doy cuenta que me encuentro entre profesionales de la hospitalidad y la buena atención.
En eso todos se van, y empiezo a realizar un paneo visual por el espacio donde voy a desempeñar mi labor, y aparece Tony. Es cuando aprovecho para comentarle una opinión sobre la disposición de los vasos, tema de discusión previo entre él y Jaime. A la gente que está cansada de escuchar boludeces, lo mejor es encararla con una solución inteligente. O al menos creativa. Entonces comienzo a dialogar con Tony…
- ¿Y hace mucho llegaste a Argentina?
- .. Hará 5 años.
- ¿Y te gusta estar acá?
- Mmeh.. Si. -Realizando un gesto de curvatura con su boca. La barbilla se le iba hacia arriba. - ¿Y vos estudias no?
En sus rasgos noto a alguien atravesado por muchos caminos. Pero no por su gestualidad, sino por sus ojos cansados a la expectativa, su boca lánguida, su baile de equilibrista al caminar, es un hombre grande, pero no tanto. Apoyado sobre la barra, me comenta que hoy las escuelas padecen un problema gravísimo, y es el uso que le dan los niños y adolescentes al celular. -El internet nos abre puertas a infinitos canales de información, el problema lo tienen los padres y los profesores- denunciaba, como si yo fuese un heraldo del ministerio de educación.
Lo seguí en la charla, porque yo estudié sobre manipulación de la comunicación; y coincidimos en nuestro desprecio por los noticieros y los videos embrutecedores de TikTok –hipócrita de mi parte-. También me contó que el dictamen de la nueva reforma laboral perjudica a todos los compañeros. Más luego, me atreví a preguntarle por su dedicación en las tierras natales, a lo que confesó:
- Mira Tomás, yo soy licenciado en dos carreras: Administración Pública, y -otra que no puedo recordar… y además, tengo un posgrado y dos maestrías.
- Ah Tony! no sabía que eras un intelectual- Le digo a modo de cumplido barato -Y ¿qué hacés en una cocina?
- He sido docente en la Universidad Central, un par de años ejerciendo. Hasta que me trasladaron a un puesto en las oficinas de "Archivos y correspondencia". Yo firmaba las actas, inscripciones, títulos, etcétera.
- ¿Y que pasó?
- Siempre estuve involucrado en el activismo político, mira, yo fui de la militancia para el gobierno de quienes hoy están presos. Y agita su brazo con el pulgar en alto, señalando detrás de sí.
- ¿Maduro? No.. ¿Corina Machado?
- Exacto. Unos años antes de venirme para la Argentina veras, me llega el hermano de Chávez, y me pone sobre la mesa un pilón así de títulos – Señala con las dos manos una distancia de 20cm- para blanquear.
- Los tenías que firmar vos.
- Me negué sabes, porque no iba a ir en contra de mi profesión, yo tengo principios y valores, y esos nombres ni siquiera habían pisado la universidad.
- ¿Y qué te dijeron?
- Recibí amenazas y dos palizas. Luego decidí huir, porque ya no…
- Claro… respondo mirando al piso- Que honorable de tu parte Tony. Y que feliz me pone de verdad poder estar hablando con vos ahora mismo.
Jaime volvió al salón, y ya faltan tan solo 20 minutos para que sean las 20 hs y huéspedes de rugientes estómagos acudan a su hora de cenar "sin service, porque es buffet, y en el buffet se sirven solos".
Así que todo el tiempo que seguí en ese edificio, hasta las 23hs, no pude dejar de pensar… No es un tema económico, ni nacional, es la moral humana en todo el globo, lo que está en crisis. Cuando el familiar de un político puede acceder a puestos de privilegio, y entablar una red de contactos rica en negocios y chantajes. Cuando alguien dedica años para formarse, llevarle a sus viejos el anuncio "mirá ma, me recibí", aspirar por una profesión y salario digno; pero en su lugar debe mentalizarse que trabajará en una cocina o arriba de un auto para ganarse la vida. Cuando alguien que dedicó su vida a un oficio, no puede hacer valer su labor, por reformas gubernamentales que salen de la nariz puntiaguda de algún pingüino con corbata. Cuando por "querer hacer las cosas bien" te pisan los sesos, para escalar ellos. Cuando debemos rebuscárnosla, entre changa y chamba, para subsistir con lo justo. Es entonces que podemos asegurar que el sistema esta mal.
Notas al pie
[1] Micros y Omnibus Quilmes Soc. Anónima, propietaria de "gran porción" de los colectivos que circulan por Área Metropolitana y Capital, en este caso el semirrápido.
[2] En jerga futbolera, pase al área que a uno le brinda la oportunidad de hacer gol.
[3] Tipología de un esteticismo propio en luminaria.
[4] J. Agudelo — Antología de la crónica latinoamericana, p.10.
Apéndice — La crónica como género
Análisis teórico que acompaña a la versión del Portfolio Incisorio.
¿Qué es la Crónica? Los Aguafuertes de Arlt; el Martín Fierro; Don Segundo; Último Round… El ornitorrinco de la prosa para Villoro, quien poéticamente nos dice todo y nada. Porque el ornitorrinco representa un eslabón crucial en las teorías de evolución de los mamíferos, y un ejemplo de como la naturaleza desafía las más "acertadas" expectativas. Un mamífero que pone huevos, que es tanto ave, como reptil.
Utilizado filosóficamente por U. Eco que lo relaciona con Kant, dado que ambos ponen en crisis las teorías del conocimiento. Un mamífero semiacuático "endémico" (sinónimo de "crónico"), casi un personaje de ficción, un semidiós. Dice Villoro que la crónica es un animal, cuyo equilibrio biológico depende de no ser como los distintos animales que podría ser: Novela, reportaje, cuento, entrevista, teatro —moderno y clásico—, ensayo, autobiografía, catálogo, hasta poesía; es todos y uno solo, a la vez. Mathew Arnold pedía que no le preguntaran qué es la poesía; pero aclaraba que podría saber cuáles son los buenos poemas. ¿Cómo definimos una buena crónica? ¿Por su pico?
Y siguiendo un poco con estos lineamientos puedo decir, Que la crónica no es un solo animal por no tener características estáticas, como para pertenecer a una única raza; sino más bien se acerca a un ser mitológico metamorfo. Que toma vida al momento en que se produce, y culmina su identidad cuando es leída. Su recorrido en sí mismo (la lectura), transita abruptas regiones, de un modo voraginal, pero suave como un tobogán, por las cuales el deslizante lector, visualiza lo que el cronista pretende transmitir; y lo hace con herramientas de arquetípicos modelos literarios, y es por eso mismo que por momentos el texto se puede identificar en uno o más géneros. Pero siempre versátil a las intenciones del autor.
Proviene del griego chroniká, que deriva de chronos (tiempo). Por lo que la palabra "crónica" refiere a una narración que ordena los hechos en orden temporal, o cronológico. Y es que es tan simple como eso, la crónica es una anécdota bien contada. Una combinación entre periodismo y, la autobiografía de una experiencia que, sin dudas para el autor resulta única y novedosa. Con lujuria en detalles que permean la escenografía, la exactitud con la que se cuenta y se hacen ver, las cosas que suceden en ella. Una experiencia única que une testigo y narrador, personaje y lector. Siempre y cuando sean sororas: atención, creatividad e imaginación.
Me resulta difícil pensar en categorizar "Mi primera changa" como una crónica de viaje, urbana, o de investigación. La reviso y me remonta a datos fácticos, lugares concretos de Buenos Aires. Pero también comprende cierta reflexión personal, que no es culminada en el texto, sino puesta en la mesa para seguir pensando. Por un lado, cuál es la real salida laboral de un estudiante previo a recibirse; y cuál es la realidad de un trabajador corriente, en un país donde más de la mitad de la civilización se puede decir en estado de pobreza. Donde la estabilidad laboral y económica para algunos parece un sueño húmedo.
Pero creo que sin dudas podría considerarse (entre otras cosas) una crónica. Dado que el texto ofrece construcción de escena, de retratos, de ciertos diálogos narrativos (mental/real), que promueven una visión en tercera persona, pero adhiriendo con el llamado a la primera persona.
"El hombre, al formar el lenguaje, no capta cosas o procesos, sino excitaciones: no transmite percepciones sino copias de percepciones. (...) No son las cosas las que entran en la conciencia, sino la manera como nos relacionamos con ellas, el phitanón" [4]
