Biografia de Zafiro Silva
Ejercicio de escritura creativa. Biografía de un personaje ficticio.
Ejercicio de escritura creativa. Universidad Nacional de Quilmes — Seminario-Taller de expresión, escritura y creatividad I. Trabajo Final (Prof. Manuel Eiras).
Biografía de Zafiro Silva (1927) – Pianista, Pintor.
Nace una gema en bruto
Corre el año 1927 en la ciudad de Quilmes (Buenos Aires, Argentina). Zafiro Silva vería la luz de la ciudad cervecera hacia las 11:13hs del día lunes 5 de septiembre –información adquirida gracias al aporte de D'Agostina, su nieta-; hijo de padres inmigrantes, Osvaldo Silva y Mariela Siciliano. Su padre, nacido en España, se fugó a Italia durante la adultez prematura, ahí conoció a la madre de Zafiro. Juntos decidirían viajar para Argentina, para iniciar una nueva vida y allí engendrar a su primer y único hijo.
Desde su nacimiento Zafiro Silva presentó unas características poco comunes en el desarrollo físico. Los hombritos del bebe apenas se habían gestado, y demostraba una caja torácica inferior al tamaño proporcional de todos los bebes que nacían en esa época. Los médicos inmediatamente al parto identificaron la condición que atravesaba el recién nacido, y luego de someterlo a breves estudios y análisis en rayos X, establecieron que Zafiro Silva padecía el síndrome de Russell-Silver y que, con el pasar de los meses, se equilibraría la proporcionalidad de su cuerpo.
En realidad –y esto se definió tiempo después- Zafiro Silva no nació con un síndrome identificable o conocido para las tecnologías médicas, sino más bien, su cuerpo se había desarrollado con una anomalía en los huesos. La base de sus articulaciones esféricas se había fijado torcida, dada la ausencia de omóplatos, sus hombros y clavícula estaban directamente interconectados. Lo cual conllevó a que la anatomía de sus brazos no se disipe por los costados del tórax. Sino más bien, por el frente, presentando ciertas complicaciones en la vida de Zafiro.
Primeros pasos
Afirman que su desempeño en la escolarización fue intachable, presentaba destrezas en varios ámbitos y sus calificaciones eran casi perfectas. Desde pequeño demostró una increíble naturalidad para tocar el piano, instrumento que por cierto le apasionaba. Sin embargo, padeció su condición en las materias de orientación física, viéndose casi imposibilitado para la gimnasia, en actividades como flexiones de brazos o lagartijas. Además, su cuerpo era muy frágil para las colisiones bruscas entre jugadores ya sea de cualquier deporte.
Practicó fútbol y básquet, este segundo fue el que más captó su atención: era sumamente preciso con los tiros, pero un fácil contrincante para los enfrentamientos cara a cara, debido a la tosquedad de sus brazos, siempre le quitaban la pelota; o en una veloz corrida, su control en el pique se veía trastocado por la rígida movilidad de sus brazos, y en un malabareo inverso, perdía la pelota. Sus compañeros de la escuela lo solían apodar "El Cono Silva" o "Zafiratosaurus". Aun así, decidió encaminar su carrera deportista y participaba activamente en la sede basquetbolista del club Argentino de Quilmes.
En 1942 el equipo Quilmeño se presentó a los partidos clasificatorios para la decimocuarta edición del Campeonato Argentino de Básquet. Durante el segundo tiempo del primer partido, el director técnico sacó de la banca a Zafiro para que se luciese con sus tiros decisivos en el desempate por penales. Pero antes de concretar la segunda mitad, Zafiro había desatado el caos en la cancha: perdiendo la pelota reiteradas veces y en algunas de ellas, abriendo puertas de jugadas al rival, provocando puntos en contra para su equipo. Así fue como de forma anecdótica se ganó el odio de todo el plantel, lo acusaron de saboteador y nunca más volvió a probar sus destrezas en los deportes.
El jilguero no corre
Concretó sus estudios destacado en las áreas de ciencias sociales y arte. Durante su niñez Zafiro demostró alto interés por la literatura de vanguardia y la música clásica, más luego un afán por los payadores y su forma de arte improvisado; un entorno al que refería cierta distancia dada su crianza aristócrata y relación en el ámbito burgués. A los 15 años sus padres decidieron contratarle un profesor de piano particular, el señor Tito Mergasi dirigiría la formación musical de Zafiro en su domicilio, y le explicaría el idioma técnico del instrumento. Asimismo, juntos emprendieron un camino de conocimiento sobre los géneros del Tango, Jazz y algunos pianistas clásicos de cepa europea.
En este contexto, Zafiro atravesó su adolescencia y pre-adultez encerrado en la casa de sus padres, ubicada en Av. Mitre al 1132, recibiendo visitas esporádicas, y saliendo a recorrer la ciudad solo y cuando su padre lo necesitaba para encomendar algunos trámites relacionados al trabajo. Fue en estos precoces viajes que Zafiro conoció la Asociación de Cultura de Quilmes –organización donde su padre desempeñaba la labor-, llevando allí cajas llenas de papelerío que poco le interesaban.
Era muy dinámico y eficaz al realizar el transporte de cajas, a comparación de los demás jóvenes de su edad que realizaban otras tareas. Así como una carretilla elevadora de carga hecha de carne y hueso, Zafiro apilaba los cartones sobre sus brazos y, sin necesidad de hacer demasiada fuerza, transportaba las cajas rápidamente y a pie hacia la sucursal. Dadas su condición física y la destreza que había desarrollado gracias al deporte Zafiro podría ayudar a su padre una o dos veces por día, facilitándole viajes innecesarios. Algunas veces iba hasta la asociación solo, otras lo acompañaba su padre, quien le presentó a colegas y directores como el señor Enrique Bicocchi; que simpatizó mucho con el carácter ameno que emanaba Zafiro.
Así creció el artista, yendo de su casa al trabajo y viceversa, pasando la mayoría del tiempo en la residencia familiar; donde encaminó una vida solitaria y comprometida, pasando largos ratos sentado en el piano, a veces sin tocarlo. Solo dejaba reposar sus brazos en los dientes del instrumento y tarareaba ritmos que oía en la radio.
Los familiares creían que el espíritu cautivo de Zafiro se correspondía a los malos tragos que le propició su juventud, relacionándolo directamente con síntomas de depresión o pánico social, debido a la deformidad corporal que lo acompañó y dificultades que esta le generó en varios aspectos de la vida cotidiana. Pero no, estas no eran más que suposiciones, ya que en las mesas de reunión familiar se esquivaban temas relacionados a la discapacidad, dinosaurios y basquetbol; en pos de no dañar el autoestima y sentimientos del único hijo y descendiente de los Silva. Así que le preguntaban regularmente por su música.
- Mi forma de tocar –decía- se corresponde al espontaneo mandato de mis dedos, improviso, así como los jazzistas, y luego registro las partituras para inmortalizar lo que en ese momento me atravesó.
Así aguardaba postrado, la alferga iluminación que lo llevase a componer ritmos genuinos que nunca corregía, casi ninguna de sus canciones estaba acompañada de letra, no escribía, solo tocaba. Y sobre los hilos de la espontaneidad producía canciones de base tanguera.
Y agregaba:
- Para mí, el jazz es algo culturalmente banal en la argentina, yo vuelo sobre la cuna del Tango y lo siento en la sangre.
Una sola obra compuso con letra, y la bautizó "Balada para un Manco". Solo llegaron a reproducirse dos copias en cassette y las conservan sus familiares más allegados como "una viva representación de Silva". En la letra el autor alude a la condición de sus brazos, con una prosa de carácter poético-narrativo que evoca su niñez y el sufrimiento que acompañó. Pero se demuestra en la propia obra, que Dios nos da un camino por una razón, y que en nosotros está descubrirlo con ímpetu, sabiduría y templanza.
La luz profesional
Mediante contactos allegados de su padre, Zafiro pudo conseguir una vacante en la Escuela Municipal Bellas Artes: Carlos Morel, donde ingresó llegado el año 1950. Allí avanzó de forma abismal con sus estudios musicales y obtuvo algunos acercamientos con artistas visuales emergentes que por cierto muy amablemente lo recibieron. Durante estos años pudo perfeccionar su habilidad en el piano, y realizó prácticas de artes visuales como dibujos a carbonilla, pinturas con acuarelas, y otros materiales experimentales con los que se divertía.
A su vez estas prácticas le permitieron entablar relaciones con otros artistas. Fue allí donde conoció a Aldo Severi, quien además de volverse un fiel amigo, sería de inspiración para Zafiro en la producción de obras de índole porteño; y de quien aprendió a desempeñarse en los oficios del arte visual.
Cuando Zafiro no estaba produciendo o estudiando la música, dedicaba días enteros a realizar obras de arte donde empeñaba sus brazos rectos, direccionados de forma perpendicular en 90° al lienzo (y a su cuerpo), para conseguir trazos que resultaban en una prolijidad y delicadeza sobrenatural. Al presentar sus pinturas, la gente dudaba de la autoría de dichas obras y no confiaban que un cuerpo de carácter demoníaco produzca tales piezas dignas de arte elitista. Otro golpe para la historia del artista todoterreno, que sin embargo no lo detuvo para la producción, pero si para la publicación. Se convenció de que "los ojos corrientes no estaban listos para ser estimulados por obras de tal magnitud", y que "los espíritus superfluos no serían capaces de creer que él y sus brazos las habrían creado". Así que decidió continuar pintando, pero si no regalaba sus obras, las conservaba en una habitación de su casa la cual llamó "Mi Museo".
Últimos golpes
Ya habiéndose recibido de pianista profesional, Zafiro dedicó los próximos años de su vida como artista a componer una inmensa cantidad de obras instrumentales, para posteriormente venderlas a figuras relacionadas con el cine y la música. Así como Manuel Romero que formó parte de la reducida pero fiel clientela de Zafiro, comprándole varias bases instrumentales que se dice, recortó para utilizar en su famoso filme. En el verano de 1959, Manuel invitó a Zafiro a la fiesta conmemorativa por el 10° Aniversario del éxito cinematográfico argentino, La Historia del Tango. Allí nuestro pianista y pintor conoció a Roberto Firpo y Tita Merello, -grandes ídolos de su juventud- con quienes pudo entablar largas charlas esa noche y posteriormente encuentros en cafés de la capital donde discutían sobre tango, cine, jazz, arte contemporáneo y dinosaurios.
Roberto ya había oído un poco de las producciones de Zafiro, y lo motivó a seguir produciendo remarcándole que tenía un gran talento para el Tango y la improvisación. Ofreciendo una comparación y reconocimiento que quizás Zafiro toda su vida esperó: Firpo lo consideraba un mejor pianista que él; su condición física le presento un trabajo mucho más arduo en la profesionalización, y de todos modos hacía obras increíbles que llevaban al oyente a alcanzar márgenes orgásmicos.
Zafiro Silva tocó el piano hasta estos días, ganándose la vida interpretando a artistas como Piazzola o Salgán. Y, sobre todo, desde los ingresos que obtenía por vender sus instrumentales –aunque estas las publicase sin firma, a veces con el seudónimo de Siza, o simplemente le otorgaba la autoría a su comprador-. Así pudo juntar una riqueza gracias a su música –y su discapacidad-; le otorgó una cantidad a su nieta, otra a demás familiares, y se mudó al campo donde llevó su piano y artículos para seguir produciendo desde la paz. Lejano al mundo urbano inundado de discriminaciones, ritmo brusco y ruido ambiguo.
Zafiro Silva, o Siza, corresponde a la figura de un artista casi invisible para la historia quilmeña, con obras impresionantes por su calidad improvisada, como también por la sutileza y destreza con que se desempeñaba en los ámbitos que transitó. Un ejemplo de superación y renacimiento sin lugar a dudas; superó adversidades, se ganó la vida y hoy vive en paz lejos de todo eso que algún día le representó perdición, y gloria.
Obras de Zafiro Silva
⚠️ Galería pendiente de subir: las imágenes de los dibujos (bocetos de jarrones, "Dragón oriental", "Mosca en la Taza", "Urbe efervescente" y las partituras) hay que volver a cargarlas a mano — los archivos originales tenían enlaces temporales que ya caducaron.
Recortes de hojas de su cuaderno de bocetaje, donde replicaba las figuras de jarrones típicos de la cultura oriental y los trazaba con tinta china. Se cree que Zafiro también desarrolló cierto interés por estas culturas; algunos opinaban que la presencia/ausencia de brazos en los jarrones que creaba se deben a la condición física del artista. Estos cuadernos no datan ninguna fecha, pero se asume que fueron producidos durante su escolarización en el EMBA.
"Dragón oriental", hecha con acuarelas y tinta china (Siza – 1943).
"Mosca en la Taza".
"Urbe efervescente".
Partituras de tango avocadas al piano. Pensadas para tocar con orquesta, o solo.
