"Don Segundo Sombra" y el gauchaje
Análisis teórico y conceptual sobre la obra de Ricardo Güiraldes y su construcción del gaucho como figura cultural.
Tomás Siciliano
Introducción
En la novela escrita por Ricardo Güiraldes y publicada en 1926, Don Segundo Sombra, es narrada la historia de Fabio Cáceres, un joven que huye de su casa y emprende una vida liberal, lejos del cuidado de su familia, atravesado por reglas impuestas que le eran de desagrado; así encuentra un camino casi por casualidad entrelazado con el gaucho Don Segundo Sombra, que para el autor pretende una figura de maestro y padrino, y es quien lo introducirá en la vida paisana.
Esta obra literaria posiciona al lector en pos de aprendiz, dada la decisión del narrador de propiciar una perspectiva desde la conciencia de un novillo resero. El tono con que narra el protagonista configura una mirada casi etnográfica sobre la cultura gauchesca. Es decir, se construye detalladamente la personalidad del personaje, transmite con amplia descripción escenarios, explica el desarrollo de procesos tradicionales y dificultades que se presentan en los oficios rurales a diario.
Don Segundo Sombra es considerada una de las más destacadas obras del Siglo XX en perspectivas de una renovación de la literatura gauchesca. Asimismo, en los campos de la literatura latinoamericana, siendo esta una obra de carácter Regionalista [1], pensada en vistas de una vida campesina, que propone recuperar –o mantener- los valores de dicha cultura. Como sucede en el clásico Martín Fierro – José Hernández (1872), con la diferencia de que este último revindica socialmente al gaucho, y la obra de Güiraldes en cambio, evoca aquella figura desde un personaje concreto: Segundo Sombra.
El objetivo entonces de este texto es, mediante la novela, entablar una lectura entrelazada con el carácter ideológico del criollo-campesino constituido socialmente, y cómo dicha figura atravesó el proceso de emancipación. La obra de Güiraldes funciona como un emprendedor de memoria colectiva que, en un acto de revolución respecto de otras obras literarias nacionales de la época, reconfiguró la idea del gaucho como un actor social de suma importancia tanto para la producción cultural, como un admirable eslabón de la cadena de producción.
La hipótesis planteada entonces para dicha realización será:
¿Se puede pensar a la novela como disparador ideológico hacia una nueva vanguardia artística en pos de la lucha cultural de clases arrastrada hasta nuestros tiempos?
Palabras Clave: Don Segundo Sombra - Literatura Gauchesca – Lucha Cultural - Historia Argentina.
Los alumnos de las escuelas del campo, cuando me ven llegar con la moto ensillada me retan: "¡No es un caballo profe! ¿Por qué la ensilla?" Y la verdad, tienen razón. No es un caballo. Es una tropilla entera.
— Pablo Solo Díaz.
El Autor
Ricardo Güiraldes, porteño nacido en Buenos Aires (1886), hijo de una noble familia adinerada y culturalmente rica. Vivió los primeros años de su niñez en Europa con sus padres. Habiendo vuelto a Argentina a sus 4 años, ya había desarrollado un aprendizaje de las lenguas francesa, alemana y castellana. Sería entonces el francés el idioma en el que admitió sus preferencias artísticas y literarias de tipo vanguardista, y que, de una forma no tan transversal, conformó el estilo de su prosa.
Vivió su juventud y pre-adultez atravesado por un ambiente familiar de buena educación y abundancia económica, creció en La Porteña –estancia perteneciente a sus padres, ubicada en San Antonio de Areco- donde desarrolló un afán por conocer la vida de los gauchos, y reunió vivencias que utilizaría luego en sus obras como Raucho (1917) o Don Segundo Sombra.
Durante sus estadías en la estancia familiar, Güiraldes conoce a Segundo Ramírez, un gaucho de raza y resero de la familia, en quien apeló sus conocimientos sobre el estilo de vida campesina. Y, además, es en quien está inspirado uno de los personajes principales de su premiada y reconocida obra: Don Segundo Sombra.
Ricardo Güiraldes falleció el 8 de octubre de 1927 en París. Se destaca como una de las más grandes figuras de la literatura argentina; es así que póstumamente se publicaron sus libros "Poemas Solidarios", "Poemas Místicos", "El Sendero", "El Libro Bravo" y "Pampa", que, al igual que el resto de sus obras, se encuentran en el Museo Ricardo Güiraldes, en San Antonio de Areco, inaugurado en 1938.
Don Segundo Sombra
Su mayor novela está atravesada por una narración de términos casi biográficos, y nos cuenta –en primera persona- la evolución de Fabio Cáceres y su transición progresiva de "guacho a gaucho". A través de distintos episodios, el lector atraviesa la vida de un mocito o gaucho novillo, junto a su maestro Don Segundo Sombra, a quien conoce mientras buscaba trabajo y estadía en una estancia lejana a la casa de sus tías –de donde se fugó, en vistas de una vida libre de subordinación por la tutela-.
"Experimentaba una satisfacción desconocida, la satisfacción de estar libre." (p.15)
Don Segundo es quién apadrina al niño y lo acompaña en las travesías a las que se somete el texto. Y si bien está inspirado en una figura real de la vida del autor, el propio personaje de la novela puede interpretarse como un ser ficticio, así como un fantasma o espíritu que guía y acompaña desde las sombras a nuestro pequeño protagonista.
Concretamente el viaje de Fabio Cáceres constituye una historia de iniciación dentro del estilo de vida gauchesco. Se puede apreciar un desarrollo de personaje donde este descubrirá la relevancia de valores como la lealtad, la templanza, el honor, la valentía y el respeto. Además de desempeñarse en tareas típicas de los oficios rurales como el arriero, resero y domador.
Asimismo, adquiere una moral y espíritu de tal ímpetu que se auto-percibe dispuesto para luchar, resistir, aceptar los acontecimientos y encararlos tal y como se presenten. Así aprende la esencia del gaucho, en el tacto con la naturaleza y la vida campestre, padeciendo las durezas, pero afrontándola con una voluntad intacta.
"Todo está en comenzar bien, porque muy luego el optimismo crece y uno amaña con mayor empeño, siempre que no se quiera sobrar." (p.139)
Podríamos pensar a Don Segundo Sombra como una novela que apuesta a idealizar la forma de vida salvaje, campestre. Y enfatiza en demostrar las complicaciones y dureza de las mismas, pero que consigo transportan el carácter de la realización y descubrimiento; estas con una figura monumental, el gaucho, hombre de provecho, útil y con una personalidad dura pero cabal.
Se le ofrece al lector un ideal mitificado, puntualmente por el retrato construido de Don Segundo, que representa la figura social de un hombre libre, individualista e independiente; y a su vez, el autor proporciona las descripciones de un mundo que solo sería posible encontrar en un reducido sector latinoamericano, en este caso, la zona rural Argentina. Por esto la novela de Güiraldes resulta un icono hacia la literatura latinoamericana, pero principalmente la literatura gauchesca.
Regionalismo Argentino
En distinción, se entiende por Literatura Gaucha a aquellas obras recopiladas por la práctica cultural, en su mayoría oral y anónima, que combina elementos tradicionales españoles y/o europeos, con situaciones, personajes y paisajes originarios de América. Los payadores exponían estas composiciones, generalmente sobre una guitarra; se destacan como productores del género, debido a que el carácter improvisado de la acción implica al menos una experiencia que contar, un común denominador en la memoria colectiva o la transmisión de valores. Es decir, cosas que se palpan y comparten entre el entramado social que se desempeñan.
La Literatura Gauchesca en cambio, es un subgénero propio de la literatura latinoamericana; esta intenta recrear la vida del gaucho y su modo de expresión. Tiene como personaje central al gaucho desempeñándose en un medio rural. A diferencia de la literatura gaucha, este tipo de obras es producido en la ciudad y creadas por autores intelectuales para expresar críticas sociales y políticas –aún sin pertenecer a dicha clase social-. La literatura gauchesca adquiere importancia hacia el siglo XIX; y sus precursores son Hilario Ascasubi, Bartolomé Hidalgo y Estanislao del Campo, aunque la obra más famosa es la de José Hernández.
En la novela Don Segundo Sombra se ve empleado el recurso de anécdotas o fábulas independientes al propio relato de Fabio, pero ubicadas adrede por el autor –por ejemplo, el cuento de Miseria y Pobreza (Cap. XXI)-. Porque como se hizo alusión, la narración oral tiene un valor de uso en la vida gaucha, no solo en pos de distracción y ocio; sino, además, alcanzan una dimensión general de intercomunicación en un grupo concreto, donde se dialogan entre sí, y se fortalece una relación de amistad/familiaridad entre todos los que contornean la ronda.
La destreza de Güiraldes está en disponer estos trozos de micro-fábula en los momentos más importantes para que estos no solo sean una interesante enseñanza de vida; sino además que conlleven un efecto casi alterno en la historia, realizando transiciones muy acertadas de planos temporales y formas verbales: "Pero los años, p'al que se divierte, juyen pronto, de suerte que, cumplido el vigésimo, Miseria quiso dar fin a su apalabra y rumbió al pago de su herrería... (p.259)". Nótese el carácter poético empleado en la jerga de los gauchos, que no resulta presente en las formas de lenguaje de la sociedad urbana moderna. Aunque la narración primordial sea característica por una orientación más bien de interés práctico aplicable (en relación a las actividades realizadas, reitero, altamente descriptiva), los cuentos de Don Segundo se concretan a fin de transmitir una enseñanza. De igual manera sucede en las "pláticas de fogón" o las rondas gauchas que se desempeñan en la realidad; donde se pone en juego una suerte de público activo –que participa, a diferencia de quien lee un texto- y se entabla una interlocución donde se improvisa, se cuenta un relato, o se discute un tema común. Como en cualquier comunidad si vamos al caso.
Esta práctica –fogón e improvisación- resulta muy tangible en la cultura gaucha, habiendo registros de rondas de payadas donde se puede apreciar la esencia de la producción oral. Un ejemplo de literatura gaucha es el caso del payador Pablo Solo Díaz, en una recopilación de versos: "Con lucidez José Hernández / Supo bien que desde Hidalgo / El ser payador es algo / Que agranda la patria grande; / Del Atlántico a los Andes / De sur a norte trajina / La poesía repentina / Con los bardos nacionales, / De troveros Orientales / Que llegan a la Argentina" [2].
Por estas razones la literatura de Güiraldes es de carácter gauchesco, ya que el autor como tal no perteneció a dicho grupo social, pero, sin embargo, reconoce los aspectos culturales, psicológicos y políticos; y es capaz, en la narración, de desempeñar un léxico con características y formulaciones que parecen producidas por una persona nativa de la región rural.
Las primeras referencias literarias (o al menos las de mayor repercusión) respecto a la figura del gaucho se encuentran en varios relatos viajeros de la época. El primer ensayo de importancia es Facundo (Civilización y barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga y aspectos físicos, costumbres y hábitos de la República Argentina, 1845) de Domingo Faustino Sarmiento; en esta obra se lo señala al gaucho (barbarie) como principal culpable del atraso cultural y factor inmovilizador de desarrollo en el país. Idiosincrasia que construye una perspectiva reactiva y degenerante respecto del gaucho. Lo cual funciona en sentido antagónico a la obra de Güiraldes, que más bien lo admira y dota de sentidos enriquecedores.
Repulsión precursora al idolatro
La aparición del gaucho en Argentina siguió diferentes caminos; esta figura nacional empezó a fraguar llegado el siglo XIX y fue de modo paulatino con distintas atribuciones similares a los del Uruguay. Cabe resaltar que, durante el siglo corriente, Argentina –junto a otros países latinoamericanos- se encontraba en el tercer proceso de los flujos inmigratorios más importantes de su historia [3], lo cual conllevaría cambios bruscos en varios aspectos de la sociedad –reflejados durante los años 1880 y 1920-.
Es entonces donde nace la llamada "Generación del 80'" con figuras como Faustino Sarmiento y Alberdi. Esta era constituida por un grupo de electo de intelectuales y políticos regionales en el país, que promulgaron una teoría liberal de la inmigración, correspondiente a una mirada positivista que idealiza la figura del inmigrante hacia una proyección de hombre trabajador, elegante, culto y sofisticado –estereotipo orientado hacia el hombre promedio de la clase alta británica-.
A su vez, surgieron otros intelectuales y literarios que comenzaron a producir al respecto de los flujos migratorios y su impacto en la cultura nacional. Ideológicamente las obras que deambulaban se distinguieron en dos polos: las Progresistas, que sostuvieron una mirada positiva respecto de la influencia inmigratoria; mientras que las Reactivas por su parte planteaban una mirada catastrófica, que consideraba la inmigración colonizadora como causa de la desaparición cultural y la patria.
En este contexto, dado el mestizaje lingüístico y cultural, y por el temor a la pérdida de los valores nacionales y morales –el viejo equilibrio-, los argentinos de cepa –blancos- se encontraron en la necesidad de inculcar la argentinidad a los inmigrantes con ritos nacionales que ya se habían gestado hace tiempo en las culturas populares. En general, en base a estos procesos se pretendía una transición de barbarie a civilización a lo largo y ancho de todo el país. Y aún atravesada por el movimiento conservador, la gran masa inmigrante constituyó una nueva configuración en la división social. Entre las nuevas clases que se originaron, se encuentran el Proletariado Urbano [4], y el Proletariado Arrendatario de zonas cerealeras, es decir, la zona rural. Es en este contexto que toma mayor densidad la idea del ciudadano Criollo [5].
La relación entre nativos e inmigrantes resultó conflictiva ya que la sociedad terrateniente (clase alta) empleaba a los inmigrantes (clase baja) en sus estancias para trabajar el agropecuario y otras áreas. Y como muchos peones "gauchos" se vieron atravesados por tratos de explotación y discriminación, la relación entre clases sociales se vio rígida y áspera.
Felipe Pigna dice que: "cuando hablamos de criollos, en 1810, nos estamos refiriendo a una parte de la elite blanca, propietaria de tierras, negocios y esclavos, que compartía (y disputaba) las prerrogativas propias del sector más privilegiado de la sociedad." [6]
El "mérito" de este imaginario de "criollo-gaucho" corresponde, en parte, a los autores que, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, crearon el mito de una "Argentina criolla" más o menos homogénea culturalmente, que contraponían a la "invasión gringa" de la inmigración masiva: el gaucho noble y obediente al patrón frente al inmigrante inmoral y con ideas "extrañas".
En parte, el problema surge de que "gaucho" fue, hasta finales del siglo XIX, un término despectivo, comparable con lo que se considera "vago y mal entretenido, tosco, ignorante, bruto".
Sin embargo, inicialmente "gaucho" se le decía a los peones que, montados a caballo, desjarretaban el ganado para faenarlo, práctica que venía desde los tiempos de las cacerías de ganado cimarrón [7] y que continuó cuando los rodeos se aquerenciaron en las estancias. Así, como de efecto colateral, se comenzó a llamar también a quienes obtenían puestos temporarios en las tareas rurales.
Revolución no-violenta
Es por esto que Don Segundo Sombra hoy en día es considerado un icono de la literatura gauchesca; en definitiva, Ricardo Güiraldes buscaba realizar una síntesis de una serie de valores que consideraba ideales. Estos pilares se centraban en los de unos personajes que tienen que trabajar duramente para adaptarse a las difíciles condiciones de la vida rural, que el autor opone al estilo de vida burgués, clase social a la que pertenecía.
Por eso su obra revindica y reconfigura la perspectiva social del gaucho: es habitante de los campos argentinos; hábil y mimetizado en el manejo del caballo, así también en todos los ejercicios del pastoreo. En general pobre, pero libre e independiente a causa de su misma pobreza y de sus pocas necesidades; es hospitalario en su rancho, lleno de inteligencia y de astucia, ágil de cuerpo, corto de palabras, enérgico y prudente en sus acciones, cauto para comunicarse con los extraños, con la labia de un tinte poético y supersticioso en las creencias, y extraordinariamente diestro para viajar solo por los inmensos desiertos del país, procurándose alimentos, caballos, y demás con sólo su lazo y las bolas.
Se contempla entonces la Literatura Gaucha/Gauchesca como un acto revolucionario, partiendo del acto de proporcionar de visibilidad a un grupo elegíacamente silenciado, invisible para los ojos de consumidores predilectos del vanguardismo. En relación directa se encuentra el concepto de Literatura Indígena/Indigenista -con la misma diferencia-, la cual se centra en las poblaciones latinoamericanas, en visibilizar la cultura de las civilizaciones indígenas, y en transmitir las condiciones de dominación, discriminación y colonización que se sufrieron dentro del continente. A través de estas obras se busca dar voz a las comunidades silenciadas, además de denunciar injusticias y promover la valoración de sus tradiciones y creencias.
La redacción de una reflexión crítica está siempre atravesada por el contexto y situación personal del autor; pero influyen altamente acontecimientos sociales cuando de Regionalismo se trata. García Linera habla de "movimientos sociales emancipativos que rompen décadas de silencio y se rebelan contra el orden establecido; estos presentan un momento autopoiético de la historia, en el que la sociedad en su conjunto se siente con la capacidad de autocrearse y autodeterminarse". [8] Asimismo como vemos reflejada una emancipación social impulsada desde los movimientos artísticos gauchos, lo mismo sucede con las comunidades indígenas, y, si nos remontamos a tiempos actuales, con la cultura villera, en manifestaciones musicales como la cumbia y el rap –que abre puertas a otra investigación en continuación a esta-.
"Nos interesamos, principalmente, en pensar la cumbia en su conflictividad social y como documento del ánimo de algunos jóvenes de barrios de las periferias durante las luchas sociales de fines de los '90 y principios de siglo XXI. (…) descubrimos letras que analizaban con profundidad y complejidad el proceso neoliberal y motivaban una afirmación de clase o grupo social." [9]
Conclusión
"Nos interesamos en pensar" que la obra Don Segundo Sombra tiene adjudicado un principio revolucionario –de conflictividad social- que pasa desapercibido debido al carácter novelístico, amigable y representativo que tiene la narración. Además de la relación tan afín entre ambos personajes; el constante movimiento y aprendizaje vuelve a la lectura dinámica –quizás en pos también de referenciar el ritmo rural- y envolvente debido al carácter curioso de lo desconocido que puede representar para lectores contemporáneos.
El propio texto planta ante sí un espíritu revolucionario desde la no-agresión, sino más bien desde la reivindicación de una figura achatada por actores ideológicos vanguardistas. Si pensamos en el final de dicha novela, donde los dos protagonistas bifurcan sus caminos dada la herencia de Fabio, y su nueva constitución como hombre de clase alta. No pensamos en una crítica directa hacia la oligarquía dominante, sino más bien en el fortalecimiento de los valores gauchos, dado que el personaje Don Segundo Sombra decide continuar con su viaje de vagaje y trabajo rural. Aunque este acto de ser fiel a sus principios implique desprender su vida de quien representó un aprendiz y quizás un amigo.
Así entonces, se desprende hacia el lector la concepción de que la vida gaucha y la estanciera no son una mejor que otra; sino que empalman un entramado social mucho más complejo respectivo a años de dominación y subordinación –principalmente en la división del trabajo-. Un legado social de carácter emancipatorio se ve reflejado hoy en día en manifestaciones artísticas provenientes de la clase baja urbana. Lo cual nos permite pensar que lo que apreciamos en la literatura villera es un trabajo que recorre años de lucha de clases, pero más profundamente, una lucha por la necesidad de prevalecer en el entramado cultural-histórico de la memoria colectiva. Lo cual se ve en la novela como la necesidad de realizarse; no necesariamente dejar una huella, pero sí mediante la narrativa de carácter etnocentrista y descriptivo, encontrar belleza en aquello a lo que otros vaciaron de sentido.
Los literarios regionales o regionalistas se encargan de emprender y revindicar la importancia de un sector social atravesado por aplanadoras de marca extranjera. Y si bien Güiraldes se planteó reponer la figura del gaucho anteriormente constituida por otros sectores contrarios a esa vida, quizás sin quererlo se impulsó un inflamiento, que posicionó al gaucho como principal pilar de la historia-cultural argentina. Por consiguiente, uno de los principales iconos de los conceptos patria y argentinidad –al menos en un gran sector popular, hasta hace no mucho tiempo- fue el gaucho. Y lo sigue siendo mientras mantiene una lucha perenne con otras corrientes literarias y culturales, otras figuras e iconos que toman mayor dimensidad en la modernidad.
Don Segundo Sombra (1926) hizo su trabajo de forma eficaz -como buen gaucho- y podría leerse en base a este análisis como denotador, en cierta medida, de la motivación de expresiones artísticas que se trasladan a la lucha contemporánea. Es decir, representa un pasado que atraviesa como fantasma hasta el día de hoy, y no solo se revindica en sí mismo, sino que propicia una lectura en pos del futuro aledaño, debido a la registrada repetición en el ciclo de la dominación.
Bibliografía
Güiraldes, Ricardo, Don Segundo Sombra (1926).
El tema del viaje en Don Segundo Sombra, Jytte Michelsen (The City University of New York).
Los condenados de la tierra, Sartre (prólogo del libro de Frantz Fanon).
Tiempos salvajes, de García Linera.
Felipe Pigna, 1810. La otra historia de nuestra Revolución fundadora.
Parte de guerra: Indios, gauchos y villeros: Ficciones del origen, Mariano Dubin (1a ed. – La Plata: Estructura Mental a las Estrellas, 2016).
Pablo Solo Díaz, La lengua del viento: Escritos en el camino (Ed. Cruz – 2018, Buenos Aires).
Análisis histórico-demográfico de la inmigración en la Argentina del Centenario al Bicentenario, Vanina Edit Modolo (UBA, Argentina, 2016).
Notas al pie
[1] "En Latinoamérica, la noción de 'regionalismo literario' se aplica a dos corrientes literarias: la literatura de una cierta región con sus localismos, por una parte, y la llamada 'novela regional' o 'regionalista' que incluye la narrativa indianista e indigenista." — Regionalismo abstracto y representación simbólica de la nación en la literatura latinoamericana de la región, Friedhelm Schmidt-Welle, 2010, Alemania.
[2] Fragmento de una poesía del payador Pablo Solo Díaz — La lengua del viento: Escritos en el camino (Ed. Cruz – 2018, Buenos Aires).
[3] Véase Análisis histórico-demográfico de la inmigración en la Argentina del Centenario al Bicentenario — Vanina Edit Modolo (UBA, Argentina, 2016).
[4] Véase la definición de "proletario".
[5] Criollo: dicho de una persona hija o descendiente de europeos, nacida en los antiguos territorios españoles de América o en algunas colonias europeas de dicho continente.
[6] Felipe Pigna, 1810. La otra historia de nuestra Revolución fundadora.
[7] Entiéndase como actitud revolucionaria ante la imposición de poder, retención, privación. Utilizado para caracterizar tribus indígenas, grupos revolucionarios, comunidades/colonias descolonizadas.
[8] Tiempos salvajes, de García Linera. PDF (p.4).
[9] Parte de guerra: Indios, gauchos y villeros: Ficciones del origen, Mariano Dubin (1a ed. – La Plata: Estructura Mental a las Estrellas, 2016).
